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Donación de órganos, el gran regalo de vida
Rodrigo Sánchez Sosa
buzon@periodicoelsur.com

Lunes 4 de Diciembre del 2017
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Lic. Agustín Villanueva Ochoa Hace algunos días viví una situación que me hizo reflexionar y que sinceramente me gustaría compartir. Ocurre que al acudir a la renovación mi licencia de conducir, entre los varios datos solicitados, me preguntaron si era donador de órganos, respondí afirmativamente casi sin pensarlo, fue entonces que el funcionario me miró curioso y dijo: ¿Está usted seguro? Volví a asentir y la curiosidad me llevó a preguntarle si había algún problema al respecto; no lo hay, me dijo, explicando que la mayoría de las personas, por no decir todas, rehúsan ser donadores de órganos. El trámite concluyó sin mayor problema, fue después que me puse a analizar la experiencia. Es cierto que a las personas no les gusta pensar en su propia muerte, pero, cuál será la causa de que no se considere donar órganos después de que el inevitable tiempo llegue. Tras investigar un poco encontré cifras muy poco halagadoras sobre el tema, resulta que en México existen más de 20,000 pacientes en la lista de espera para recibir un órgano trasplantado para conservar la vida o tener una mejor calidad de vida, en contraparte sólo 3 de cada millón de personas están dispuestas a donar sus órganos (1), lo cual nos deja en uno de los lugares más bajos de América Latina. Tales números se compensan un poco con el hecho que la gran mayoría de los pacientes esperan riñones o córneas, que dentro de la fisiología no representan una amenaza inmediata para la vida del enfermo, pero que sin duda su padecimiento merma terriblemente la calidad de vida.(2) Un trasplante o injerto es el acto de transferir células, tejidos u órganos desde un sitio hacia otro. La justificación es la de resolver muchas enfermedades mediante la implantación de un órgano, tejido o células sanas desde un individuo (donador) hacia otro (receptor o huésped). (3) Existe una gran cantidad de personas que tienen el deseo de ayudar a otras en momentos de necesidad, sin embargo “la donación de órganos” todavía se mantiene como tabú, desde el simple hecho de que no nos gusta recordar que un día moriremos, lo que es inevitable, hasta toparnos con todo tipo de supersticiones y creencias religiosas. A la hora de tomar una decisión como la de donar órganos propios o de aceptar su extracción del cuerpo de un familiar fallecido, entran en juego en primer lugar conceptos acerca de la propiedad y del respeto al cadáver. El cuerpo sin vida no es estrictamente propiedad de nadie pero se reconoce a los familiares el derecho a disponer de él, de acuerdo a las voluntades expresadas con anterioridad por la persona fallecida y a los criterios propios de cada familia. Con la mayor frecuencia el tema no ha sido tratado de manera anticipada y las familias se ven en la situación, de tener que decidir en tiempo breve y en medio del dolor por la pérdida. De su decisión depende que se retiren de inmediato las medidas de soporte vital como drogas vasoactivas y ventilación mecánica, o que se mantengan por algunas horas hasta la extracción de los órganos si se acepta la donación. (4) Pero la escasez de donantes no es el único problema al que se enfrentan los pacientes, hay muchos más matices en esto. La falta de infraestructura y los altos costos son algo a tomar en cuenta también, es decir, una vez que se tiene un riñón disponible no puede simplemente meterse en una cubeta con hielo y llevarlo al hospital más cercano. Para trasplantar un órgano el proceso comienza con la identificación de un potencial donante; continúa con la procuración del buen estado de órganos y tejidos hasta su ablación; luego, el transporte en condiciones especiales y tiempo limitado y, finalmente, su implantación. La condición del donante debe cumplir especificaciones: diagnóstico y certificación de muerte encefálica (coma estructural irreversible, ausencia de reflejos del tronco encefálico, ausencia de respiración espontánea); estudios serológicos para validación del donante (perfil de hepatitis viral, TORCH, VIH, HTLV, treponema y tripanosoma), y pruebas específicas para validación de órganos (urea, creatinina, ecografía, perfil hepático, glicemia, etc.). Además, la tipificación del HLA (antígeno humano de histocompatibilidad) para estudio de compatibilidad donante-receptor. (5). Uno de los mitos más comunes es que si al atenderte en una emergencia los doctores o paramédicos descubren que eres donante entonces te dejarán morir para poder usar tus órganos, o que estos serán vendidos en el mercado negro. Sobra decir que esa y otras versiones son completas mentiras puesto que se necesita equipo y personal médico altamente especializado para lograr un proceso de trasplante exitoso, lo cual puede llegar a costar grandes cantidades de dinero tanto en el sector público como en el privado, por lo que realizar una operación de este tipo de manera informal o clandestina es poco probable que pase. Una de mis mayores esperanzas se encuentra en la ciencia y tecnología más avanzada, donde a cada momento se anuncian importantes hazañas en el ámbito médico. ¿A quién le caería mal enterarse que un científico ha conseguido crear un riñón totalmente compatible para todo tipo de paciente a partir de células madre o dar vida a un corazón artificial gracias a la nanotecnología? Aunque esos avances suenan sacados de la ciencia ficción son métodos que en el futuro salvarán miles de vidas, lamentablemente en el presente todavía dependemos de los métodos tradicionales, por lo que mientras no se encuentre una manera de crear órganos humanos en serie y a bajo costo la única forma de conseguirlos es recurriendo a la buena voluntad de las personas catalogadas como donantes o donadores de órganos. Se han hecho muchas campañas y difusión para alentar a más personas que estén dispuestas a ser donantes. Recuerdo que hace varios años, alrededor del 2013 un millonario brasileño causó gran controversia al anunciar que sepultaría su automóvil último modelo en una suerte de funeral faraónico ante la prensa, la situación tuvo muchos detractores que juzgaron el acto como frívolo, pero cuál sería la sorpresa de todos cuando en el último momento el millonario reveló que en realidad se trataba del inicio de una campaña sobre trasplantes de órganos, bajo el argumento que enterrar un automóvil es tan absurdo como enterrar un cadáver con sus órganos cuando estos podrían servir para salvar vidas. Otro ejemplo del impacto que han tenido los medios en este tema son los conmovedores casos documentados donde se permite que los familiares de los donadores escuchen latir el corazón de su ser querido en el pecho de otra persona que conservó su vida gracias al órgano donado. ¿Alguien sabe qué sigue después de la muerte? Sinceramente no estoy seguro. Hay algo que sí me atrevo a asegurar: Después de morir… ¡Puedo salvar una vida! Sea cual fuere la motivación, hago respetuosamente la invitación a registrarse como donante en la página oficial del Centro Nacional de Trasplantes. Justo acabo de hacerlo. http://www.cenatra.gob.mx/dv/index.php Referencia bibliográfica: (1) Extraído de: http://aristeguinoticias.com/2702/mexico/en-mexico-20-mil-personas-esperan-organo-o-tejido-para-vivir-o-elevar-calidad-de-vida/ (2) Extraído de: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/264913/Presentaci_nTercerTrimestre2017.pdf (3) Martínez Salazar, G. (2008). Donar es Perdurar. Una visión ética, histórica y médica. CienciaUAT, 3 (1), 40-44. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=441942913003 (4) Beca I., J., &Razmilic T., M., &Rius A., M. (2011). Bárbara, una posible donante de órganos. Revista Chilena de Cirugía, 63 (4), 426-429. Disponible en: http://4www.redalyc.org/articulo.oa?id=345531949017 Gómez-Rázuri, K., & Ballena-López, J., & León-Jiménez, F. (2016). Mitos sobre la donación de órganos en personal de salud, potenciales receptores y familiares de potenciales donantes en un hospital peruano: Estudio cualitativo. Revista Peruana de Medicina Experimental y Salud Pública, 33 (1), 83-91. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=36344764010
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